Las enfermedades cardiovasculares también afectan a las mujeres y pueden manifestarse de manera distinta a la de los hombres. Una revisión publicada en la revista Circulation destaca la importancia de considerar los cambios hormonales y los riesgos en cada etapa de la vida para mejorar la prevención, el diagnóstico y el tratamiento.
La imagen tradicional de una persona con problemas del corazón suele parecerse a Homero Simpson: un hombre de mediana edad, con sobrepeso y factores de riesgo evidentes. Sin embargo, las mujeres también desarrollan enfermedades cardiovasculares y algunas de sus afecciones pueden pasar inadvertidas si no se realizan las pruebas adecuadas.
“Por supuesto que Marge Simpson también puede padecer una enfermedad cardíaca”, señala Esther Soo Hyum Kim, directora del Centro Atrium Health de Salud Cardiovascular para la Mujer, en Charlotte, Carolina del Norte, Estados Unidos.
Kim es coautora de tres artículos de investigación publicados en la revista Circulation, en los que especialistas revisan los conocimientos actuales sobre la salud cardiovascular femenina y plantean un enfoque que considera los riesgos y las oportunidades de prevención a lo largo de la vida.
La revisión destaca que la salud hormonal, el bienestar mental, el sistema cardiovascular y la salud cerebral están estrechamente relacionados. Por ello, la prevención no debería comenzar cuando aparecen los primeros síntomas, sino desde las primeras etapas de la vida.
El corazón de Marge puede enfermar de otra manera
Aunque la acumulación de placa en las arterias es una de las principales causas de enfermedad coronaria tanto en hombres como en mujeres, existen padecimientos que pueden presentarse con mayor frecuencia en ellas y que requieren una evaluación específica.
Entre estos se encuentra la enfermedad coronaria microvascular, que afecta los pequeños vasos sanguíneos del corazón y puede provocar síntomas incluso cuando las arterias coronarias principales no presentan obstrucciones importantes.
Otra afección es la insuficiencia cardíaca con fracción de eyección preservada, en la que el corazón conserva su capacidad de contracción, pero tiene dificultades para relajarse y llenarse adecuadamente entre latidos.
También existe la disección coronaria espontánea, un trastorno en el que se produce un desgarro en la pared de una arteria coronaria que puede comprometer el flujo sanguíneo y provocar un infarto.
Estas diferencias hacen necesario que los profesionales de la salud consideren las particularidades de cada paciente. Kim advierte que, si no se contemplan estas enfermedades, podrían no solicitarse los estudios diagnósticos correspondientes y algunos casos quedarían sin identificar.
Las hormonas también influyen en la salud del corazón
Durante años, la investigación cardiovascular prestó poca atención a la influencia de las hormonas femeninas. Las variaciones hormonales a lo largo del ciclo menstrual y de las distintas etapas reproductivas representaban un desafío para los estudios científicos.
Stacey E. Rosen, expresidenta voluntaria de la American Heart Association y coautora de los informes, destaca que el estrógeno, el estradiol y la progesterona no actúan únicamente sobre el aparato reproductor. También influyen en las células de los vasos sanguíneos, el cerebro y el músculo cardíaco.
Por ello, los cambios hormonales a lo largo de la vida pueden ser relevantes para comprender los riesgos cardiovasculares de las mujeres.
La menstruación, el embarazo y la etapa que rodea a la menopausia ofrecen oportunidades para identificar factores de riesgo, evaluar la salud general y establecer medidas preventivas.
La revisión subraya que las enfermedades cardiovasculares no aparecen de manera repentina en la edad adulta. Sus factores de riesgo pueden desarrollarse desde edades tempranas, por lo que reconocerlos oportunamente puede contribuir a reducir las complicaciones futuras.
Prevención en cada etapa de la vida
Los tres artículos proponen considerar la salud cardiovascular desde la juventud hasta la menopausia y los años posteriores. Cada etapa presenta necesidades particulares y oportunidades para detectar riesgos, realizar evaluaciones médicas y establecer tratamientos cuando sean necesarios.
La prevención incluye vigilar la presión arterial, los niveles de colesterol y la glucosa, además de mantener hábitos saludables y atender oportunamente cualquier síntoma que pueda indicar un problema cardiovascular.
Natalie A. Cameron, quien encabezó el equipo de redacción de uno de los documentos y colaboró en los otros dos, llama a las mujeres a asumir un papel activo en el cuidado de su salud.
Entre sus recomendaciones está procurar que los distintos profesionales que las atienden mantengan una comunicación adecuada y conozcan sus antecedentes médicos, especialmente cuando reciben atención de varios especialistas.
Esta coordinación puede ayudar a identificar riesgos que, de otra manera, podrían pasar inadvertidos.
Cuidar a los demás sin descuidarse
Las especialistas también ponen sobre la mesa una realidad cotidiana: muchas mujeres dedican tiempo y energía al cuidado de sus hijos, padres y otros familiares, pero postergan sus propias consultas médicas.
Rosen señala que algunas mujeres muestran una gran determinación cuando se trata de conseguir atención para sus seres queridos, aunque no siempre actúan con la misma firmeza para atender sus propias necesidades.
El mensaje de las investigadoras es que la salud cardiovascular debe formar parte del cuidado cotidiano y no depender exclusivamente de la aparición de síntomas.
La comparación entre Homero y Marge Simpson busca cuestionar una imagen arraigada de las enfermedades del corazón: no son un problema exclusivo de los hombres ni aparecen únicamente en personas con factores de riesgo visibles.
Comprender cómo influyen las hormonas, reconocer las diferencias en la presentación de las enfermedades y facilitar el acceso a diagnósticos oportunos son pasos fundamentales para mejorar la atención cardiovascular de las mujeres.







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