Durante décadas, hemos construido una relación muy particular con los perros mestizos. El “perrito de la colonia”, el que duerme afuera de una tienda o sigue a los vecinos durante la tarde; hoy pareciera que existe una mayor conciencia para dejar de percibirlo como parte del paisaje y responsabilizarnos por ellos.
El llamado “perrito caramelo” o “perrito mexicano” aparece constantemente en memes, ilustraciones y conversaciones digitales como símbolo de ternura. Sin embargo, este universo es sumamente diverso; en las calles y hogares de México también caminan con gran popularidad los «peludos», los «zorritos» y los «negros». Detrás de esa imagen viral y de esta diversidad de formas y colores, existe una conversación mucho más profunda sobre cómo convivimos con el abandono animal, y qué estamos haciendo para fomentar la tutela responsable.
Definir a un perro mestizo es hablar de una combinación única de herencias. Esta diversidad genética les otorga una ventaja biológica fundamental, ya que gozan de una salud notable y muestran una menor predisposición a desarrollar las enfermedades hereditarias que suelen ser comunes en las razas puras. Al no arrastrar estas cargas genéticas, estos animales tienen gran agilidad y fortaleza a lo largo de su vida, lo que causa que sus visitas al veterinario ocurran por razones muy específicas y cotidianas.
Bye Bye Friend reconoce un cambio importante en la forma en la que las nuevas generaciones asumen la relación con los animales de compañía: ya no únicamente desde la convivencia, sino desde el vínculo emocional que los coloca como un miembro más de la familia.
Especialistas y organizaciones estiman que alrededor de 500 mil perros y gatos son abandonados cada año en México, cifra que nos mantiene dentro de las conversaciones de bienestar animal en América Latina.
Acciones como la implementación de la Ley de Protección y Bienestar Animal, aunado a los movimientos ciudadanos, de refugios independientes y redes de rescate; impulsan una cultura mucho más activa alrededor de la adopción responsable y el no abandono.
De acuerdo con datos compartidos por Samia Bracamontes, fundadora del Refugio Toby, el trabajo realizado durante cerca de siete años ha contribuido a lograr 1,800 adopciones entre rescates directos y colaboraciones con otras redes de protección animal.
Sin embargo, el contraste frente a la realidad sigue siendo contundente. Tomando en cuenta el estimado anual de abandono animal en México, durante ese mismo periodo, se acumuló aproximadamente 3.5 millones de perros y gatos en situación de calle. La cifra ayuda a dimensionar tanto la enorme desproporción entre el trabajo de refugios independientes y la problemática real.
Bye Bye Friend reconoce que todo esfuerzo suma, por ello, continúa su colaboración con Refugio Toby, en esta ocasión con la donación de alimento para los perros mestizos que han sido rescatados.
“El ‘perrito caramelo’, al igual que los «peludos», los «zorritos» o los «negros», se convirtieron en un símbolo emocional porque siempre han estado presentes y su fortaleza los hace únicos. El reto ahora es que esa empatía se traduzca en adopción, esterilización, atención veterinaria, despedidas dignas y una cultura mucho más responsable alrededor del bienestar animal”, Patricio Borrego, Director Operativo Bye Bye Friend.
Bye Bye Friend pone sobre la mesa la importancia del acompañamiento que merecen en todas sus etapas de vida, incluido el momento de su partida. Quizás la conversación más importante alrededor de los perros mestizos no es por qué se volvieron virales, sino por qué durante tantos años nos pareció normal verlos solos, crecer en la calle y partir desde el abandono.







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