En México más de 1.3 millones de personas viven con Alzheimer, de acuerdo con datos de la Secretaría de Salud. Esta enfermedad ha crecido de manera progresiva en el país, impulsada por malos hábitos y un diagnóstico que puede llegar a retrasarse entre 3 y 10 años, causando que las personas sean atendidas cuando los síntomas ya se encuentran muy avanzados.
“Es normal que se le olvide porque está grande”, “siempre ha sido muy distraído”, “es común a su edad” son algunas de las frases que más se repiten cuando se habla de la memoria de un adulto mayor, normalizando conductas y comportamientos que podrían ser indicadores de un problema más serio.
Al respecto, Hugo Palafox, vicepresidente de Ciencia en Immunotec, mencionó: “El problema es que normalizar estas señales puede retrasar la búsqueda de una evaluación médica, particularmente cuando los cambios aparecen de forma gradual. Es por esto que en el marco del Día Mundial del Alzheimer, la conversación alrededor de esta enfermedad no debería centrarse únicamente en qué hacer después de un diagnóstico, sino también en hablar de prevención, reducción de factores de riesgo y detección temprana que ayuden a tener una mejor salud”.
Existen algunos puntos clave que se pueden ayudar a identificar un riesgo antes de que se desencadenen todos los síntomas, por ejemplo, perder las llaves, olvidar un nombre o dejar pasar una cita puede ocurrir ocasionalmente, sin embargo, las señales de alerta aparecen cuando estos episodios son recurrentes, progresivos y empiezan a interferir con la vida cotidiana.
Aunque no existe una estrategia que garantice evitar el Alzheimer, la evidencia científica ha identificado diversos factores de riesgo modificables. La Organización Mundial de la Salud señala entre ellos la inactividad física, el tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol, la hipertensión, la diabetes, la obesidad, la pérdida auditiva, la depresión y el aislamiento social, como algunas de las causas que pueden generar mayor impacto.
Esto significa que la prevención no debe entenderse como una acción aislada, sino un conjunto de hábitos y controles que pueden mantenerse durante diferentes etapas de la vida como realizar actividad física de manera regular, llevar una alimentación equilibrada, dormir adecuadamente, mantener vínculos sociales sanos, estimular las capacidades cognitivas, mantenerse activo y dar seguimiento a condiciones como la hipertensión y diabetes.
Además, resulta fundamental cuidar la salud cerebral de manera preventiva, pues el estrés oxidativo y la inflamación celular pueden afectar funciones cognitivas como la memoria. Para ello, es importante fortalecer los niveles de glutatión, una molécula que participa en los sistemas de defensa antioxidante del organismo y que puede ser una herramienta para proteger el cerebro del deterioro. A través del uso de suplementos como Immunocal, es posible ayudar al cuerpo a producir y elevar los niveles de glutatión de manera natural, clave para proteger las células frente al envejecimiento.
“La prevención, por tanto, comienza con acciones simples como conocer factores de riesgo, mantener hábitos saludables, controlar enfermedades crónicas y prestar atención a cambios que antes podrían pasar inadvertidos. Este Día Mundial del Alzheimer representa una oportunidad para cuestionar una idea que todavía persiste: envejecer no significa necesariamente perder la memoria ni la capacidad de desenvolverse de manera independiente.”, finalizó el Dr. Palafox.








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